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NADA QUE OCULTAR, TODO QUE GANAR

By: Russ White, Shawn Zandi

Date: July 4, 2017

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Por Russ White y Shawn Zandi

¿POR QUÉ A UN PROVEEDOR —PARTICULARMENTE A UN PROVEEDOR DE CONTENI- DO— debería importarle las comunidades de código abierto y los estándares abiertos? Sin duda, existe una cantidad de razones por las cuales los proveedores de contenido con foco en los usuarios podrían no tener interés en las comunidades de código abierto. Una objeción habitual esgrimida por los proveedores para no trabajar en las comunidades de código abierto suele ser algo así: ¿Acaso la idea de construir una empresa en torno a los datos —lo que en de nitiva signi ca construirla en torno a un conjunto de capacidades de procesamiento, incluyendo la red— no es ocultar su camino al éxito y evitar que otros también lo transiten? ¿Los proveedores no deberían defender su propiedad intelectual por las mismas razones que los fabricantes de los equipos?

Para elaborar una respuesta, es importante comenzar por diferenciar entre propiedad y secreto. Para cualquier tecnología o innovación debemos hacernos dos preguntas:

  • ¿Deberíamos ser los propietarios?
  • ¿Deberíamos mantenerla en secreto?Las preguntas están interconectadas, pero no son idénticas. La propiedad gene- ralmente re ere a controlar nuestro propio futuro. Especí camente, ser propietario de nuestra arquitectura re ere a la capacidad de entrelazar su red y negocio de forma tal de lograr una ventaja competitiva. Por el contrario, entregar nuestra arquitectura a un fabricante (casi siempre) signi ca compartir de alguna forma nuestros ob- jetivos de negocio con los suyos (aunque no siempre, por supuesto).Por otro lado, el secreto generalmente tiene que ver con controlar la capacidad de otros de utilizar nuestras innovaciones para competir con nosotros. Reformulando la segunda pregunta para las comunidades abiertas: ¿Acaso promover modicaciones a un proyecto de código abierto o promover nuestras ideas ante la comunidad de estándares abiertos no signfica estar ayudando a potenciales competidores (nuevos o establecidos) en sus esfuerzos por construir una red mejor, más rápida y más grande?

    Una vez aclaradas estas preguntas, hay dos líneas de argumentación a favor de la participación activa en las comunidades abiertas —para proveedores, fabricantes e ingenieros individuales—. La primera línea de argumentación podría llamarse altruista; la segunda, oportunista. A su vez, ambas están más estrechamente relacionadas de lo que parece a primera vista.

    Primero, cada ingeniero en redes debería reconocer que todos estamos “parados sobre hombros de gigantes”. Quienes hicieron el trabajo inicial de de nir los protocolos que dirigen Internet y todas nuestras redes no vivían solamente de la nanciación del gobierno. Ellos crearon las empresas que pusieron en práctica sus invenciones. Desde la óptica hasta los pro- tocolos, estas personas no solo inventaron cosas, tampoco solo las construyeron —también construyeron empresas que aprovecharon dichas invenciones—. En otras palabras, no solo generaron bene- cios para sí mismos, sino que también lo hicieron para el mundo entero. Tanto a nivel personal como a nivel empresarial, debemos ofrecer nuestro apoyo a futuras generaciones al igual que las generaciones anteriores lo hicieron con nosotros. Esto implica, en parte al menos, apoyar a los estándares abiertos y el código abierto como una parte natural de la creación de los productos y las empresas que cons- truimos hoy.

    A falta de un esfuerzo real y consciente para la construcción de algo más grande que nuestras propias empresas y carreras, es muy probable que Internet caiga en la tragedia de los comunes.

    Imagine una aldea en los tiempos mayormente agrícolas apenas unas pocas generaciones atrás. En cada aldea, seguramente había un espacio verde compartido por todos para jugar, realizar reuniones o armar un mercado. Ahora, imagine que una persona o un grupo pequeño de aldeanos deciden aprovechar este “tierra libre” y crear allí un mercado permanente. Es mucho lo que la aldea pierde a cambio de la ganancia de unos pocos, pero no es mucho lo que se puede hacer. Después de todo, los bienes comunes están allí para que los utilice cualquiera.

    Nosotros, como individuos y empresas, queremos utilizar los bienes comunes, pero también necesitamos expandir los bienes comunes para que no se arruinen ni se pierda el bien económico para todos, incluidos nosotros mismos. Los comunes del mundo digital no son solo los medios que todos compartimos, sino que también son los estándares, el código fuente, los procesos y el conocimiento que hemos desarrollado al crear sistemas en red para solucionar problemas a escala.

    También hay otro aspecto a tener en cuenta: ¿dónde y cómo aprenderá la próxima generación de ingenieros a construir redes a escala? Si abandonamos los bienes comunes que representan las comu- nidades abiertas, ¿cómo construiremos los ingenieros que precisamos para ampliar el alcance y la escala de nuestras empresas y de Internet?

    Tal vez estos argumentos altruistas no agraden a algunos lectores. “Todo eso está muy bien pero yo hago negocios para ganar dinero y no para hacer del mundo un lugar mejor. No creo que realmente llegue a producirse la tragedia de los comunes”. Incluso si el contra argumento fuera cierto, hay otra forma de darlo vuelta. La participación ayuda a la comunidad y apoya la creación de los productos que utiliza su empresa.

    Considere el mercado automotriz. ¿Cómo sería el parque automotriz hoy si nadie hubiera intentado modi car sus auto- móviles en sus propios garaje? ¿Cuántas invenciones no se hubieran producido? ¿Cuántas mejoras habrían quedado al costado del camino? ¿Seguiríamos pu- diendo comprar automóviles de cualquier color, siempre y cuando fuera negro?

    El punto es que las comunidades abiertas no son solo un espacio de creación, sino que también motivan la competencia. La existencia de los bienes comunes pro- porciona una base para la competencia que hace que cada pieza de un dispo- sitivo de red que compramos esté mejor diseñada, tenga mejor soporte y a la vez sea menos costosa. Cuando un mercado se fragmenta lo su ciente como para que las opciones sean comprarle a un único fabricante o no comprar, el mercado ya no es útil para construir las redes a gran escala que utilizamos para construir negocios. En de nitiva, apoyar el código abierto y los estándares abiertos reduce los costos del operador al aumentar sus posibilidades de elección. Por supuesto, en este caso los números son imposibles de cuanti car, por lo que tal vez se ne- cesite algo más concreto para convencer a los proveedores de que deben participar.

    Para quienes todavía no están convencidos del valor de la comunidad abierta, permítanme ofrecer otra línea de argumentación. Volviendo al mercado automotriz, su- pongamos que usted estaba involucrado en la cons- trucción de una gran empresa de envíos.

    Para construir dicho negocio, necesita vehículos de reparto. Luego de analizar cada vehículo de reparto disponible, usted concluye que el vehículo que necesita para operar con e ciencia todavía no existe. ¿Cuáles son sus opciones?

    Una opción sería ofrecer millones de dólares en contratos a un fabricante. Pero esto no sería de gran utilidad ya que existen clientes competidores y tal vez incluso deba convencer a las agencias reguladoras para que permitan construir los vehículos que necesita para su negocio. ¿Pero qué pasaría si usted tra- bajara con otros clientes para desarrollar un núcleo común de características a las que cada uno pudiera agregar y en torno a las cuales todos pudieran trabajar junto con los fabricantes y las agencias reguladoras para crear el vehículo que necesita para su negocio?

    Este esfuerzo común es precisamente lo que ofrecen las comunidades abiertas en la industria de las redes. Los proveedores que participan en la conformación de los estándares abiertos y el código abierto no solamente ayudan a de nir la dirección del mercado, sino que también ayudan a construir las bases sobre las cuales pueden construir sus negocios. A su vez, la existencia de la comunidad abierta ayuda a reducir la dependencia de un único fabricante y de esta forma fomenta la independencia, que luego redunda en la propiedad de su propia arquitectura.

    Volviendo a la pregunta inicial, obviamente existen aspectos que cualquier proveedor querrá “callar”, es decir, no compartir con la comunidad en general. No hay una línea bien de nida para decidir qué callar por razones de negocios y qué compartir. Además, es probable que esto cambie con el tiempo y el lugar de formas que son difíciles de de nir. Sin embargo, “difíciles de de nir” no signi ca “inexistentes”. En este ámbito, puede que algunas de las siguientes preguntas resulten útiles:

    • ¿Esta tecnología representa mi negocio principal?

    • ¿Existe la posibilidad de que al compartir esta tecnología se logren mejoras que aceleren mi capacidad de construir un gran producto? Esto es difícil de juzgar, ya que no existe forma de saber qué tipo de comuni- dad se podría formar en un caso es- pecí co ni qué ganancias se podrían obtener.

    A pesar de que las respuestas a estas pre- guntas pueden no ser sencillas, se sugiere inclinarlas a favor de las comunidades abiertas antes que en su contra. Por ejemplo, en el espacio de los proveedores de contenido, los algoritmos utilizados para procesar los datos para producir la experiencia e información que los clientes desean parecería estar más cerca del núcleo del negocio que de la construcción de la red.

    La capacidad que han demostrado las comunidades abiertas de mejorar —e incluso revolucionar— las ideas y el valor agregado más allá de la inversión debería ser el argumento que convenza a cada in- geniero y empresa que confía en las redes a gran escala de que el camino abierto es el camino a seguir.

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